COMO REGAR TUS PLANTAS

 

Como regar tus plantas

Antes de abordar los detalles del riego debemos contemplar cuáles son las necesidades básicas de cualquier planta.

 ¿Cuál  es el alimento de una planta?

El “alimento principal” de una planta verde está en el aire. Se trata del carbono del anhídrido carbónico (o dióxido de carbono como modernamente nos han impuesto los angloparlantes). El “alimento principal” no es ni el nitrógeno, ni el fósforo ni el potasio ni otros elementos presentes en el suelo o substrato, también necesarios. El anhídrido carbónico se absorbe a través de los estomas, que se abren con la luz, se cierran en la obscuridad y tienen una apertura intermedia en condiciones de baja iluminación (como en los interiores de los hogares). Durante la función clorofílica, la planta se queda con el carbono y entrega oxígeno a la atmósfera.

¿Qué papel tiene el agua?

Otros dos elementos imprescindibles utilizados a gran escala por la planta están en el agua. Pero el agua no juega tan solo el papel de proporcionar sus elementos, hidrógeno y oxígeno, para formar complejos compuestos químicos orgánicos. El agua como tal actúa, por lo menos, en los siguientes cometidos:

  • Se queda formando parte de las células. Más del 80% de una planta es agua.
  • Transporta elementos desde el suelo o substrato hasta las hojas, en donde estos elementos se procesan (savia ascendente).
  • Transporta compuestos orgánicos complejos desde las hojas hasta otras partes de la planta (savia descendente).
  • La mayor parte de agua que ha ascendido hasta las hojas se evapora en ellas a través de los estomas con el fin de refrigerar la planta. Este fenómeno recibe el nombre de transpiración. Hay que tener presente que cuando la planta está con poca luz o a obscuras se evapora poca agua o prácticamente ninguna, es decir, la planta transpira poco o no transpira.

 ¿Y los  abonos?

Los elementos químicos del suelo (nitrógeno, fósforo, etc.) también son imprescindibles para la planta, en pequeñas cantidades. Sin embargo, la mayor parte de vegetales tiene una amplia tolerancia respecto a los contenidos de estos elementos cuyas deficiencia, exceso o desequilibrio pueden afectar el desarrollo solo en pequeño grado, salvo casos excepcionalmente graves en los que se puede producir incluso la muerte. La fertilización (aportación de abonos) es importante pero no debe constituir una obsesión.

El punto en el que acostumbramos a fallar los aficionados a la jardinería -también muchísimos profesionales- es la administración del agua en los riegos. Se suele decir que la persona en el extremo de la manguera (o con la regadera) es quien decide el éxito o fracaso de los cultivos. Los comentarios que siguen se refieren principalmente a los cultivos en contenedor aunque muchos puntos son comunes a las plantas en el suelo.

 Respiración d e las Raices

Las raíces respiran como cualquier otra parte de la planta. Es decir, toman oxígeno del aire y expelen anhídrido carbónico. Esta respiración es más intensa con temperaturas más altas. Las raíces mueren cuando no pueden respirar durante largo tiempo, y la planta muere con ellas. Por ello es importante no dejar una maceta permanentemente en un plato con agua que empape el substrato.

Incluso las raíces de las plantas acuáticas necesitan oxígeno para respirar. Cuando falta el oxígeno en -por ejemplo- las aguas de un lago, se dice que éste muere porque no sólo desaparecen sus peces sino que incluso la flora acuática se degrada y muere para, quizás, dar paso a una serie de organismos anaeróbicos que producen el característico mal olor.

Puesto que las raíces necesitan respirar no basta con que evitemos mantener la planta anegada. Debemos procurar utilizar un substrato que sea poroso (más poroso cuanto más calor haga porque la intensidad de respiración de las raíces es directamente proporcional a la temperatura). Pero los poros pueden ser grandes y pequeños. Los grandes son los que se vacían de agua, llenándose de nuevo de aire, inmediatamente después de regar. Los pequeños son los que permanecen llenos de agua largo tiempo, hasta que la planta o la evaporación los vacía. Aquí entra el concepto de “drenaje”. Un substrato drena bien cuando no se mantiene empapado durante largo tiempo (tiene un gran número de poros grandes) aunque los poros pequeños queden llenos. Lamentablemente, muchas de las formulaciones de substratos que se encuentran en el mercado español han sido inspiradas en substratos que tienen éxito en países situados más al norte, sin haber tenido en cuenta la necesidad de un mayor número de poros grandes en nuestros largos y calurosos veranos.

También el substrato se compacta debido a los riegos sucesivos. Por ello deberemos aprender a regar despacito y repartiendo el agua por la superficie, es decir, sin echar el agua de golpe. También un substrato muy poroso exige mayor frecuencia de riegos porque no es capaz de almacenar tanta agua.

 Sumer gir la maceta, si o No

Muchos de los substratos presentes en el mercado están basados en una gran cantidad de turba. Además de su escaso número de poros grandes cuando se ha compactado y empapado con los riegos, y de su inherente potencial de acumulación de grandes cantidades de agua, la turba tiene el problema de que se hace difícil mojarla cuando se ha secado. Echas agua por arriba y se pierde rápidamente por los orificios de la maceta.

Aunque este hecho no debería ocurrir, de hecho ocurre con frecuencia y hay que saber solucionar el caso cuando se presente.

Si se tiene prisa, bastará con sumergir la maceta durante un minuto en un cubo con agua. Se saca, se deja escurrir durante unas horas y se vuelve a controlar. En algunos casos puede ser necesario sumergir la maceta otro minuto.

Si no se tiene tanta prisa, y especialmente para plantas en el interior, se rociará con agua la superficie del substrato. Se deja unos minutos para que la capa superior absorba y se vuelve a rociar. Se repite la operación varias veces, espaciando los rociados unos 15 minutos. El agua de la superficie ya irá descendiendo lentamente hasta la parte inferior. Al día siguiente o quizás mejor pasados unos días ya se puede regar normalmente. Ver “Plantas de Interior” más abajo.

Al margen de lo anteriormente explicado para rehumedecer la turba, sumergir la maceta tiene sus indicaciones y contraindicaciones.

Sumergir la maceta lixivia los minerales que pueda contener el substrato. Si se sumerge la maceta cada vez que se quiere regar (por ejemplo, cada semana o dos veces por semana), el contenido de nutrientes desaparecerá y habrá que reponerlo. En casos de plantas en el interior, en las que no hay una intensa transpiración, sumergir la maceta puede resultar fatal porque el substrato quedadrá empapado durante largo tiempo. También en algunas plantas en el exterior, dependiendo de la época del año y del tipo de substrato, sumergir la maceta puede representar una aportación excesiva de agua que, realizada repetidamente, puede acabar con la planta.

Pero en algunas ocasiones puede resultar aconsejable lixiviar las sales acumuladas en el substrato. Cuando se tenga la sospecha de acumulación de sales (largo tiempo abonando la planta en la misma maceta sin transplantarla) o simplemente como medida de precaución se podrá sumergir la maceta durante un minuto, dejarla escurrir durante una hora y volver a sumergirla para dejarla escurrir acto seguido. En casos de alta concentración de sales estas operaciones se pueden repetir cuatro o cinco veces seguidas y, si hace falta, realizar otra serie pasados unos días, cuando el substrato se haya secado un poco.

También en casos de elevada concentración de sales puede resultar beneficioso un transplante a una maceta ligeramente mayor.

Lo que debe quedar claro es que no se puede adoptar como sistema el sumergir la maceta cada vez que se quiera regar por las razones explicadas anteriormente.

Regar por Abajo

Este sistema no significa dejar la maceta permanentemente en un plato con agua. Puede ponerse la maceta en un plato con agua durante un corto tiempo, como una hora, para que la absorba. Si al cabo de este tiempo queda agua en el plato, deberá eliminarse.

Este sistema tiene la ventaja de no compactar el substrato y la desventaja de acumular, a la larga, las sales minerales en el tercio superior del mismo. También es más laborioso si no se está preparado para utilizarlo.

Otro concepto que no tiene que ver nada con el riego es la conveniencia de suministrar humedad ambiente a las plantas. En el caso de plantas en el interior se puede tener el ejemplar encima de una superficie con agua (un plato grande), cuidando de levantar la maceta con algún objeto sólido, como piedras, con el fin de que el agua no empape las raíces. La evaporación del agua del plato bastará para compensar los ambientes secos existentes en los hogares. Las plantas de exterior suelen estar más a gusto en una zona que contenga una gran cantidad de vegetación, como puede ser un parque. La transpiración de la masa verde a su alrededor proporciona una humedad adecuada. En el caso de plantas en ambientes más secos, como pequeños jardines poco frondosos, hay que compensar esta carencia con cualquiera de los métodos que la imaginación y la conveniencia aconsejen. Desde tener un sistema de aspersores que se ponga en marcha medio minuto cada hora (cuidando de que el agua no moje las hojas al sol) hasta rociados manuales del suelo con manguera. Cualquier método es bueno con tal de proporcionar humedad ambiente.

La humedad ambiente junto con la luz hace que los estomas alcancen una apertura mayor, lo que redunda en un funcionamiento más intenso de la planta y finalmente en un mayor desarrollo de la misma.

Regar Despacito y poca Cantidad

Según el tipo de substrato, especialmente en el caso de la turba, la mejor forma de regar es echar el agua por encima lentamente (como si aliñáramos la ensalada). Puesto que la parte inferior del substrato puede estar empapada mientras la superior puede aparentar que está seco, se hace necesario introducir un dedo en el mismo para comprobar su humedad y decidir la cantidad de agua a partir de esta experiencia. Muchas veces bastará con imaginar que solo queremos humedecer el tercio superior del substrato, el agua ya bajará hasta la parte inferior. En estas operaciones el agua no sale por los orificios de abajo.

Ocasionalmente, quizás una vez al mes o en intervalos más largos especialmente si hace frío, convendrá echar un poco más de agua de modo que se pierda por los orificios aproximadamente el 20% del volumen de la misma. La finalidad es lixiviar el pequeño exceso de sales que se pueda haber acumulado sin tener que recurrir al extremo de sumergir la maceta.

Plantas en el Interior

Cuando una planta está en el interior de nuestro hogar recibe mucha menos luz que la que necesitaría normalmente. Los estomas se abren parcialmente, la planta transpira poco y, por tanto, consume menos agua. Si anegamos el substrato, éste permanecerá largo tiempo en estas condiciones puesto que hay poco consumo de agua. Las raíces se asfixian y la planta muere. Ésta es la causa principal (¿95%?) del fracaso en el cultivo de las plantas de interior.

Cuando una planta está en el interior hay que regarla hasta el límite de la tacañería. Incluso conviene que nos acostumbremos a observarla cada día y esperemos a regarla cuando muestre los primeros síntomas, casi imperceptibles, de que necesita agua.

Puesto que la producción de los compuestos que la planta necesita para su crecimiento se realiza con la función clorofílica y ésta depende de la luz, las plantas suelen tener desarrollos escasos si no están bien iluminadas.

Diferentes Riegos para diferentes Plantas

Hay plantas que requieren muy poca humedad en el substrato, otras necesitan más. Algunas necesitan una de las dos condiciones anteriores de modo permanente, otras están mejor si entre riego y riego pasan un período de ligera sequía. Los cactus y las clivias son dos ejemplos de plantas que no hay que regar en absoluto en invierno, hasta el punto de que puedan quedar parcialmente deshinchadas sus células y la planta arrugada. Unas plantas prosperarán mejor con riegos abundantes y espaciados, otras pueden requerir diariamente más de un riego, pero escaso. Hay tantas maneras de regar como plantas aunque las reflexiones que contiene este artículo son válidas para todas.

 E l Frío y el Riego

Las plantas consumen mucha menos agua en condiciones de frío. Incluso muchas pierden sus hojas en invierno. En estas circunstancias, o no hay que regar en absoluto o simplemente hay que comprobar que el substrato no se seque completamente. Un poquitín de humedad bastará para mantener vivas las células de las raíces. Incidentalmente, tampoco hay que abonar en invierno. Casi todas las plantas agradecen el riego con agua ligeramente templada (25ºC) en invierno.

La Mejor Hora para Regar

De todo lo dicho anteriormente se desprende que la mejor hora para regar es a primerísima hora de la mañana. Si se riega por la tarde o noche, el agua permanece largo tiempo ahogando las raíces, sin ser utilizada. En el caso de un césped en el que los aspersores pueden estar funcionando durante una hora, habrá que ajustar el programador para que el riego finalice al alba, un rato antes de que salga el sol.

Todo lo dicho en el párrafo anterior entra en franca colisión con las prácticas de muchos jardineros profesionales que recomiendan regar por la mañana en invierno y por la tarde en verano. Dicen que si se riega por la tarde se aprovecha mejor el agua porque no se evapora tan deprisa. También les ayuda a enmascarar la realidad el hecho de que en verano las noches son cortas y el agua no permanece tantas horas anegando las raíces. Tampoco parece muy cómodo levantarse cada día a las 5 de la mañana para regar (en este caso, un riego con programador solucionaría el tema).

No hay que mojar las hojas que estén al sol, puesto que se forman gotas que actúan similarmente a las lupas, produciendo pequeñas quemaduras.

Incidentalmente, también hay que evitar mojar las hojas que tengan vello (por ejemplo, geranios zonales, petunias y algunas crasas).

La Calidad del Agua

El pH ideal para muchas plantas está alrededor de 6,5. Si nos esforzamos en conseguir un substrato de este pH resultará absurdo que luego no tengamos en cuenta que el agua que normalmente contiene carbonatos y bicarbonatos (aguas duras) nos hará subir el pH hasta un valor cercano a 7, con lo que la planta ya no estará en sus condiciones mejores. Esto tiene mayor importancia en el caso de las plantas acidófilas.

El agua que contiene carbonatos y bicarbonatos se puede corregir, añadiendo un ácido, convirtiéndola en una agua excelente para el riego. Recomiendo leer el artículo “El pH del substrato y el agua” en la sección “Temas”.

Hay aguas que contienen otros productos, como sal marina. Algunas plantas (glicófitas) no la soportan mientras que otras (halófitas) prosperan bien con este agua. Otros productos como un exceso de flúor o boro pueden resultar perjudiciales. El cloro utilizado para la potabilización del agua no es demasiado perjudicial ya que se evapora rápidamente. También puede llenarse un depósito abierto y dejar que repose durante 24 horas. No solo habrá desaparecido el cloro sino que el agua habrá alcanzado la temperatura ambiente que no sobresaltará tanto a las plantas como el agua más fría.

Sistemas de Riego

Aparte de los conocidos aspersores, existen varios sistemas de riego que pueden ser automatizados. El riego por goteo conviene a plantas grandes, como árboles, que incluso pueden necesitar varios goteros en círcunferencia alrededor del tronco y a una distancia de uno a tres metros del mismo. El riego con miniaspersores es ideal para macetas porque reparte el agua por la superficie de las mismas. El riego con manguera porosa puede convenir para arriates con muchas plantas pequeñas. No es mi intención extenderme más sobre estos sistemas. Tan solo añadiré que pueden resultar los mejores aliados de un jardinero, con tal de que aprenda a manejarlos para aportar el agua precisa con la frecuencia adecuada.

He visto reiteradamente la pregunta sobre qué cantidad de agua es necesaria para cada planta, con el fin de ajustar el sistema de riego en consonancia. Pues bien, no existe una respuesta y es imposible que exista porque influyen demasiadas variables. El tipo de planta, su grado de desarrollo, el tipo de substrato, la estación del año, si hace viento o no, la temperatura ambiente, si hay sol o está nublado, si ha llovido recientemente, la humedad ambiente, y un largo etcétera. La única respuesta posible es que el jardinero debe ser capaz de observar las pequeñas señales que las plantas le envían y actuar en consecuencia. Una aproximación podría consistir en enterrar una serie de sensores de humedad en varios puntos y ajustar el programador (un programador complejo, quizás un ordenador). Es probable que el sistema no cubriera las necesidades a la perfección en la primera vez por lo que, una vez vistos los problemas, habría que cambiar el emplazamiento de algunos sensores hasta encontrar su lugar definitivo.

Añadiré que el principal problema de estos sistemas es que se obstruyen con la cal del agua y que resulta pesado limpiarlos. En primer lugar, la limpieza es menos penosa si se sumergen las piezas en un ácido (el más manejable es el cítrico, que se presenta en un granulado parecido a azúcar). Pero de otra parte se pueden minimizar estas obstrucciones si el sistema incluye una adición de ácido (el más accesible es el sulfúrico que se emplea para las baterías) con el fin de neutralizar los carbonatos y bicarbonatos en beneficio de las conveniencias de las plantas y, de paso, se evitan las obstrucciones.

Lo que no debe hacerse es regar las plantas con el agua procedente de un descalcificador por permutación de iones, de esos que llevan una resina sintética que se regenera con sal marina. El agua resultante no conviene a las plantas aunque no atasque los goteros.

Regar con el calendario

Regar con el calendario o regar a fecha fija significa regar una vez por semana o regar cada tantos días, sin comprobar las necesidades de la planta.

Por todo lo dicho anteriormente se comprenderá que regar con el calendario es una majadería. No lo es comprobar con el calendario y, si hace falta, entonces actuar. Porque de antemano ya sabes que aquella planta, en el plazo de “tantos días” no necesitará agua y luego vas, compruebas, y si no lo necesita esperas un día o dos más.

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